—Tenía una sita.
—¿Puedo preguntar con quién?
—Ya lo haz peguntado.
—Bueno, ¿y con quién te has reunido?
—Con un tío del banco.
—¿Tú en un banco? Claro, de ahí la corbata.
El de la corbata y los 5 € |
—Zí. Al banco ze va pod doz motivoz opueztoz.
—Que son...
—Tened y no tened dinedo.
—¿Y cuál es tu caso?
—Como zi no lo zupiedaz.
—¿Y has sacado algo en limpio?
—Un billete de sinco eudoz. Que pod siedto, limpio, limpio no
eztá.
—Bueno, menos da una piedra.
—Hay piedaz que te zacan de la mizedia.
—Pero no te los habrán dado por tu cara bonita, si no me acercó yo
ahora mismo.
—Tu no tienez musho futudo, Mendugo.
—No entiendo el comentario.
—Podque yo he hipotecado mi futudo, ez lo único que tengo.
—¿Y sólo te han concedido cinco euros?
—A ved. El tío eze del banco z’ha empeñao en que un bien
hipotecado no ze puede hipotecad ota ves pod una entidá diztinta. Y máz zi ez
pod el eztado y eztá tan ozcudo.
—Acabáramos.
—Y ya l’ha disho Ede Se A, zi ezpedo a libedad mi futuro, cuando
vaya a hipotecadlo ota ves ya no tengo.
—Claro.
—Ya vez, y yo queía que la huventú eda un tezodo.
—Y lo es.
—Hilo ez hilo ez y no lo asiedtaz en un mez. Azí me zuena a mi
ahoda la fase: Huventú, divino tezodo.
—Pues me da a mi que el del banco se sabía la poesía de Rubén
Dario:
Juventud, divino
tesoro,
¡ya te vas para
no volver!
Cuando quiero
llorar, no lloro...
Y a veces lloro
sin querer.
—Y que dasón tenía el poeta, azí he vuelto yo: llodando.
—Anímate, hombe.
—Dano, codiho.
—Anímate, rano, un banco no puede ser el verdugo de tus
ilusiones.
—¿Pedo tú en qué mundo vives, Mendugo?
—En un mundo en el que soy lo que soy. En el que hago compañía. En
el que valgo aquello que no se mide en euros. En un mundo donde es un tesoro
tanto la juventud como la experiencia, donde no me hace falta que me des para
ofrecerte. Donde en un apretón de manos te doy algo más que la mano. Donde la
razón la aplico contra el enemigo. Donde mi mejor amigo soy yo, incluyéndote a
ti. En un mundo en el que puedo ser niño para volver a ser mayor. Un mundo en
el que los muñecos hablan, sufren y gozan y me ponen en mi sitio.
—Lo que yo te digo, tú vives en los mundos de Yupi.
Imagen
bajada de www. familianutriben.com
No hay comentarios:
Publicar un comentario