lunes, 28 de enero de 2008

Una lección y un paréntesis en la historia del diario de Giuseppe

Después de oír el grito, corrí hacia su origen.
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Cuando entré en mi despachito, vi que la lámpara se balanceaba. De ella, sujeto de una mano, colgaba Erre C.A. Cruzamos las miradas, y él la bajó al suelo, la seguí. Pero, ni allí donde el miraba, ni en ningún punto del parquet descubrí anomalía alguna. Terminé por preguntarle.
—¿Qué haces ahí?
Con voz nerviosa y acobardado, señalando hacia donde yo no veía nada, susurró:
—Una hodmiga.
—¿Una hormiga?
—Zí, nega, mu nega.
—Una hormiga negra. ¿Te has subido a la lámpara porque has visto una hormiga negra?
El tono de sorpresa, sazonado con burla, le hizo reaccionar. Quizá también influyera el sentirse acompañado.
—Sha madchao. Menoz mal.
Dio un salto y se bajó. Cayó en su lugar preferido, a espaldas de mi sillón. Desde allí me observa las más de las veces mientras yo hago mis cosas. De hecho le he puesto una mantita para que se sienta más a gusto. Más por quedar bien que por eficacia sabida, fui a la cocina, cogí de debajo de la pila un insecticida y rocié por el zócalo. Al hacerlo sobre un rincón, descubrí una hormiga. La maté con un dedo. El insecto se quedó pegado a la yema, y se lo ofrecí a Erre C.A.
—A vé. Pómela en la mano.
Lo hice con dificultad, porque estaba un tanto espachurrada. La miró unos instantes y se la comió. No tardó en escupirla y en poner cara de asco.
—Sabe a dayos.
—No me extraña, la he rociado con esto. Pero no entiendo cómo te puede dar miedo, y luego vas y te la comes.
—Anda, ezte. A ved zi a ti no te guzta el dabo de todo.
—¿El qué?
—El dabo de todo —repitió componiendo dos cuernos en su cabeza con otros tantos dedos —. De todo, muuuuuu.
—Ah, rabo de toro. Sí, sí que me gusta. ¿Pero qué tiene que ver?
—Que tú tamen te comez al todo y no edes todedo. ¿O no te dan medo los todos?
Se me abrió la boca y se me subieron los colores.
—Zi zupiedáis loz humanoz como ze oz ve dezde el mundo animal ¡Humanoz! Oz veiz como diozez, y no zoiz máz que hodmigaz. Ezo zí, to oz lo lleváiz pod medio. ¡Ya vez que mal tabía hesho a ti la hodmiga!
—Pero…
—Pedo na, hombe, pedo na de na.

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