sábado, 28 de enero de 2012

Queja ajena


Muy recientemente, a una amiga los tribunales le han dado un mazazo. Y donde más duele, que no es el bolsillo. Y en estos “asuntos judiciales menores”, no en los de Camps o Garzón, es donde se evidencia la miseria de la mal llamada Justicia. Y se evidencia porque en los tejemanejes de los poderosos uno no entiende nada, la información nos llega tan sesgada que no sabes a qué caballo apostar, aunque algunas veces sólo corran burros. Pero en éste que me ocupa y preocupa, el que escribe está bien informado; al parecer más de lo que la responsabilidad dicta para que un técnico jurista sentencie. Sí, la justicia humana es imperfecta, igual que la divina, porque si no, no se explica. Mi amiga debe hacer de tripas corazón y asimilar lo que otros han decidido en contra de lo que más quiere. No hay vuelta de hoja, salvo que se quiera salir de la legalidad marcada y cometer un delito que casi todos aprobaríamos. Pero el precio es muy alto, y no sólo para ella. En todas las guerras el que más pierde es el más débil, el indefenso, que es, curiosamente, al que se pretende proteger.
No sirve esta queja para nada, y por ello espero que con el paso del tiempo (acaso el mejor juez) los afectados pongan a cada uno en su sitio. Si tenemos paciencia lo veremos. Y lo harán sin intervención de quien con buena voluntad no entiende la vida de los que quiere proteger.
Ánimo a todo el que se sienta como yo: importente.

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