lunes, 10 de noviembre de 2008

Intromisión

—A vesez pedsibo que zólo vivez pada engoddad eztadízticaz, Mengudo.
Me volví sorprendido por el comentario de Erre C.A., y no pude por menos que contestarle, es decir, volví a caer en su trampa.
—Oye, guapo de cara —le advertí.
—Ez que no encuento zentido a tu vida, que quedez que te diga.
—Es que tú no tienes que buscárselo.
—Bah, edez un cagao.
—Me cago en la leche... Pero… ¿Se puede saber qué te pasa conmigo?
—Contigo lo de ziempe. No vez qu’eztoy shadlando tanquilamente… Ez tu vida la que me peocupa.
—Pues preocúpate de la tuya, rano entrometido.
—He puezto el dedo en la llaga, eh.
—No. Y deberías honrar a tu padre, aunque sea putativo. Ese es tu peor pecado.
—Yo queía qu’eda la gula.
—Y no crees mal, porque en el fondo arrasas con todos los capilates.
—¡Anda, la oztia! Que yo zepa no he matao a nadie, ni he dobado…
—Eso que lo dices tú, pero cuando te juzguen por mi ruina y por mi suicidio, a ver qué piensas...
—Tú teníaz que modí vidgen, tío, no suisidao… Aunque tuz ijoz no tengan culpa de nada… Loz pobez…
—Espera, ven, acércate. Porque prefiero que me condenen a mí por asesino de una rana bocazas y …
—Y una miedda… —y desde el fondo de un armario, escondido tras unas prendas de abrigo me trató de convencer de que desistiera de mi descabellado intento—. No te pieddaz pod tan inzinificante pedzonahe, no medese la pena, Mendugo. Pod favó. Tenez una vida plena que viví, Mendugo. Pienza en tuz ihoz, en tu shica. En la bonoloto, en lo que vaz a deha d’ezquibí.
Cerré el armario con una orden militar: "Arrestado hasta nueva orden". Muy apagado escuché el comentario de Erre C.A.: "Hode, con el tío ezte. Cómo ze pone". Y después, y algo más nítido: "Esha una zolisitú pada Guantánamo, zegudo que t'admiten".





El pie es parte del cartel de la película dirigida por
Michael Winterbottom y Mat Whitecross

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