martes, 10 de junio de 2008

Locura

Los sueños, entendidos como deseos, no necesitan espacio. Necesitan tiempo. Y no precisamente para madurar, sino para llevarlos a la realidad. En el caso en el que se confunden, sueño y realidad, nace la locura. Que es, al fin y a la postre, lo que todos vivimos. La sociedad interviene cuando esa confusión, esa locura, no se encauza entre los parámetros que nivelan las masas. La sociedad ha encontrado una solución para aquellos que rompen los moldes prefabricados. Los convierte en genios, e incluso en esperpentos. Como antídoto, de un tiempo a esta parte, esa mano negra en la que algunos creemos, modela símbolos y arquetipos que, mediante la mercadotecnia, nos invitan a seguir, a imitar en aras de un bien común con raíces particulares. En definitiva, que acabas siendo el loco que otros quieren. Mi propuesta (¡al fin tengo una!) es enloquecer en la intimidad, lejos de postulados ajenos. Enloquecer ya sea de amor, de alcohol o de rabia. Ser asocial es haberse inoculado el virus de la locura íntima, a sabiendas de que no se va a ser nunca feliz; es componer una canción que vas a cantar tú solo; es negar de dónde vienes y excluirte de dónde estás; es ver a los niños como una esperanza masacrada; adivinar por el tacto que los sueños nacen muertos; que el cambio es posible si cambiamos. Mi sueño es escribir lo que jamás se ha escrito ni se escribirá.

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