domingo, 22 de abril de 2012

La letra pequeña

—¡Mendugo! —me llamó Erre C. A. desde el baño.
—¿Qué?
—Hay un shadquito debaho del dadiadod del baño —gritó.
—No me jorobes —protesté hiendo a ver.
—Mídalo tú mizmo, pedo yo no he hesho nada.
—Sí, es verdad. Me parece que pierde agua por la llave.
—Ezo zignifica que vamoz a pazad máz fío?
—¿Más frío?
—Bueno, no te pongaz azí, fío a zecaz.
—No, se cierra este radiador, se pone algo debajo para que reciba el agua y se llama al seguro, que para eso lo pagamos.
—Poz venga, que pada luego ez tadde.
—Cierra tú el radiador, anda.
—Vale.
—Yo voy a buscar los papeles y llamo.
El de las pocas fuerzas

—Oye, Mendugo. Que no puedo. Qu’eztá muy dudo.
—Vaya fuerzas... Toma, pues pon este cacharro debajo. Pero antes seca el suelo. Ahora  cierro yo la llave.

Y llamé al seguro. Número de póliza. Identificación. Parte de la avería. No hay daños. Sólo que la llave gotea. Espera. Llega la letra pequeña. Las llaves de los radiadores no están dentro de la cobertura. Cojonudo. Colgar el teléfono. Protestas. ¡Seguro de mierda! Sentirse engañado. Pensar en cambiar de aseguradora. Lo de siempre.

—¿Qué t’han dicho?
—Que las llaves de los radiadores no es cuestión suya ni de la póliza, sino nuestra.
—¿Pedo tú qué zegudo haz contatao, tío? No zabéiz lo que fidmáiz.
—Sí sé lo que firmo, pero no soy capaz de leerme toda la letra pequeña. Y no voy a preguntar por cada elemento de esta casa por ver si está cubierto o no por el seguro.
—Bueno, a lo pástico. ¿Pod qué no intentaz apetad la piesa eza?
—Tienes razón.
—Zi ez que el que pienza pienza.
—Voy a por una llave inglesa, o mejor la grifa.
—Clado, pada el guifo, la guifa.
No es un grifo, es una tuerca —lo intenté—. No, no aprieta más. 
—Yo queo que zigue zaliendo agua.
—Y yo también.
—Poz la ota ez llamad a un fontanedo o una fontaneda.
—¿Tú conoces a alguno?
—Y a alguna. Ede Se A conose a doz pod falta de uno.
—Pues les llamamos.
—¿A loz doz?
—No, hombre.
—Codiho: dano.
—No, rano, primero a uno y si no puede venir, al otro.
—Madía la fontaneda no zé yo zi...
—¿No te estarás refiriendo a la galleta?
—Clado, a Madía Fontaneda, ¿a qué ota Madía conosez tú que zea Fontaneda?
—A ver, ¿y el otro? —le pregunté temiéndome lo peor.
—Madio.
—¿Mario Fontanedo? —ironicé.
—No, lizto. Madio Boz.
—¿Mario Bos?
—Be ede o eze, Bos. El de la conzola que lleva goda y bigote y ze come laz monedaz. Eze tiene que zed bueno podque ez muy famozo.
—¿Pero tú en qué mundo vives?
—Gasiaz a dioz en el tuyo no. Al menoz en el mío no hay leta pequeña. Zedá una mentida pada algunoz, pedo una mentida cohedente. Un mundo en el que todoz zabemoz que Pinosho ez un mentidozo podque le quese la nadiz cuando mete una bola. Un mundo en el que el casadod ez el malo podque mata a la mamá de Bambi. Un mundo en el que el lobo va dizfasado de coddedo, pedo que no ze tapa laz pataz peludaz pada que ze le deconozca. Un mundo en el que un molino ez un gigante que zolo ve el tal Alonzo. Un mundo en el que una galleta puede zed fontaneda y en el que un apetón de manoz vale máz que mil contatoz ezquitoz con leta menuda. De hesho, tú y yo zomoz felisez dento de eze mundo, ¿no?
—Pero el radiador sigue goteando.
—¿Y en dealidá, a quién le impodta ezo?
—A la aseguradora no.
—Poz ezo.







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2 comentarios:

Mary Carmen Trigueros dijo...

sBueníiiisimo!!!!!!

Mendrugo dijo...

Noz alegamoz que te haya guztado.