lunes, 30 de julio de 2007

Lo que se pesca en un charco.

Siendo yo chico, monaguillo, que ayudaba en misas y otros menesteres, me mandó el cura párroco avisar a uno de sus coadjutores. Como era ya hora de comidas, me perdonó un cuarto de hora que saliera antes: “Me das el recao, Rafita, y ya te avías pa tu casa, majo”. Cómo encontré al coadjutor no tendría la menor importancia si no hubiera sido aquel día avisado de ayuno carnal obligado por Cuaresma. Llegué presto a su casa, vecina de la mía, que por eso me mandó don Abundio a mí hacer el mandao. Corrí lo mío, pues cuanto antes soltara el recado, antes llegaría a mi casa, al potage. Aquel don Matías, hombre ya sordo y de muelle flojo por la edad, aunque la voluntad no menos se le aliviaba, pues tras insistirle yo que era viernes, el coadjutor se hizo, además de teniente, juez de causas perdidas. A mis pesadas advertencias, que a su vez yo había sufrido del párroco toda la mañana (“¡Y no se os ocurra comer carne hoy!”), don Matías, masticando como podía un tostón, hacía orejas de mercader a lo que yo le decía. Tanto insistí que dejó de darse al condumio y me preguntó que si había ido a su casa a decirle que era viernes de ayuno. Le contesté que no, y le di el recado de don Abundio. Pero los niños son lo que son y no perdí otra ocasión de regañar a persona mayor aunque llevara ganas de ir a casa y de comer. Le volví a informar del día de la semana que era y de que se estaba hartando a cochinillo. La contestación del temerario pecador, que es adonde voy, fue rotunda y me dio qué pensar, además de cerrar cualquier polémica o reprimenda en aquel momento: “Yo deso no entiendo, es más, me da igual; y a éste lo he pescado en un charco”. Allí, en la puerta del comedor de don Matías y con esa edad, creí que él mentía para esconder su pecado, aunque yo no dijera nada a nadie. Hoy, aquí, con el cumplir años y durante los vividos, aparte de no importarme mucho si es lunes, martes o fiesta de guardar, yo he pescado en un charco cosas más raras que un tierno cerdito, desde monedas hasta constipados, pasando por momentos refrescantes y de diversión, y tampoco hacía mal a nadie.

1 comentario:

Arolternell dijo...

En el charco conocido como Río Segura se pueden pescar cosas aún más raras:desde un burro muerto(esto lo he visto yo),pasando por patos con 3 patas,(cosa que tb he visto) hasta cpus viejas de 80-86.