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jueves, 14 de junio de 2012

Hormonas

—¿Tú haz vizto cómo shillan?
—¿Quiénes?
—Los adolescentes. Lez va a dad algo.
—Si no vieras tanta televisión... Pero no olvides que yo viví la explosión del fenómeno fans con los Beatles.
—¿Antez d’elloz no había? Zedá que antez loz adolescentes no tenían hodmonaz.
—Yo creo que ese fenómeno es de masas, también.
—¿Y qué paza, que antez no había mazaz?
—No, propiamente dicho no las había. Sí había ideas que aglutinaban a muchas personas. Pero andaban más preocupados por poder votar o por tener un día libre a la semana. El ocio no existía, salvo para unos pocos.
—¿Y qué me disez de laz hodmonaz?
—Las hormonas que contaban antes eran hormonas. Aún hoy hay quien disculpa los actos provocados por la testosterona. Es más, algunos les dan un vañlor primordial frente a los estrógenos.
—Pod no deha de sed cudiozo laz hodmonaz mazculinaz ze digan en femenino y laz femeninaz zean una palaba mazculina.
—De eso habla con el Duende del idioma. Además, en este fenómeno también juega un papel importante la histeria colectiva.
—Tú ziempe haz defendido que la hiztodia ez mu impodtante.
—Tienes razón, pero esta vez hablo de histeria, con e, no de historia, con o.
—Pod Ede Se A no ve tanta difedensia. Va un loco, habla pod la dadio, dise que el pueblo adio ez zupediod, la hente ze pone hiztédica y azí z’ezquibe la hiztodia, ¿no?
—Visto así... Pero más que de histeria, tú hablas de radicalismo o extremismo.
—Pimoz hedmanoz.
—No confundas los términos. Lo de Justin Bieber se cura con el tiempo, lo de Hitler, al contrario, el tiempo lo empeora. Es comparar fiebre con veneno.
—Yo ez que pod máz que lo intento no puedo guitad como ellaz, ni adañadme la cada, ni llorad, ni entad en eztado de zhock.
—Pues cuendo te pongo un plato de fabada delante, te falta muy poquito para que sufras la transformación de Hulk.
—Zedá pod el colod y por miz glándulaz zalivalez. Ze ponen a fabicaz zaliva y yo aumento de volumen.
—Lo que demuestra que no controlamos las glándulas. A ti te pasa con las salivales y a ellos con las suprarrenales. ¿Es tan difícil de entender?
—Cuando uno no tiene dinedo, no ez fásil imaginad lo que ze puede hased con él.
—No pasar calamidades.
—O comed todoz loz díaz fabada y no tened que hasedla.



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Imágenes bajadas de  www. tabanoempalado.bligoo.com y www. lamejorfabadadelmundo.com

domingo, 10 de junio de 2012

Punto


Punto es una de las palabras más versátiles de nuestro idioma. Es capaz de adaptarse con facilidad a muy diversos significados.
—¿Y a qué viene eze comentadio?
—Sólo pensaba en voz alta. Es el punto de partida de una idea.
—Tienez que dehad de leed el dissionadio, no te zienta mu bien. Eztáz a punto de que te dé lo que a don Quihote.
—Sí, ahora que acabo de cogerle el punto, lo voy a dejar. Además yo tengo mi punto de honra.
—Ez que no zabez ni en que punto cardinal t’encuentaz, tío.
—No lo necesito. Siempre me encuentro en el punto de partida de algo. Siempre aprendo algo.
—Poz yo me ziento como que ziempe, me padese eztad en tu punto de mida.
—Porque eres un punto filipino.
—Dezde mi punto de vizta no.
—Y yo creo que ese es tú punto débil.
—Pedo ezo noz lleva a un punto muedto. Ede Se A pienza una coza y Mendugo la contadia.
—Pues habrá que buscar un punto de encuentro. ¿No crees?
—Zí, podque eztamoz en un punto quítico.
—De no conseguir entendernos repartiríamos puntos negativos, uno para ti, otro para mí.
—¿Intentamoz que zean puntoz pozitivoz?
—¿Ves? Ese es el punto neurálgico de una disputa dialéctica.
—En una dizcuzión hay mushoz puntoz en el odden del día.
—Y si está escrita más, porque contiene puntos seguidos y algún que otro signo de dos puntos.
—Amén de puntoz zuzpenzivoz.
—Y sin olvidar el punto interrogante y el punto y coma.
—Eze ez el que máz me guzta a mi. Punto, y coma. Y máz zi me llaman d’uzté. Eze ez mi punto fuedte.
—Menos mál que no son las mujeres de punto. Pero es verdad, tú estás siempre en buen  punto para masticar.
—Puez ya qu’eztamoz, desayunamoz al punto.
—Ahí andamos en puntos.
—Ezo no lo entiendo, aunque tampoco zé lo qu’ez un coshe de punto.
—Un coche de punto equivaldría a un taxi actual. Y andar en puntos es tener desavenencias, andar en diferencias. Pero no se puede, o debe, desayunar tres veces. Y punto redondo.
—¿Aunque se haya hesho antediodmente a punto ladgo?
—Sí, aunque se haya hecho sin esmero. Pero vamos a bajar un punto la discusión. ¿Te parece? Tú siempre levantas un punto el asunto del condumio.
—Y tú ziempe midaz en puntoz, ziempe depadaz en minusiaz.
—Si leyeras hablarías con más puntos y comas.
—Ziempe daz en el punto, ¿eh?
—Y tú deberías hablar de este tema a punto fijo, más cabalmente.
—Me voy a dad un punto en la boca podque todo lo que digo ze devuelve conta mí, ez como ezcupid al sielo.
—Sea en buen punto.
—Según como lo entiendaz, podque pada mí ez en mal punto.
Hasta cierto punto estoy de acuerdo contigo.   
—Mida, Mendugo, con ezo haz ganado mushoz puntoz.
—Gracias. Yo siempre intento, al menos, no perder puntos.
—Y yo no puedo pasad pod oto punto.
—La necesidad es lo que tiene, en esta ocasión he ganado a los puntos.
—Pedo tú ponez loz puntoz muy altoz.
—Pues mejor pongamos los puntos sobre las íes.
—Pod punto genedal loz ponez tú, yo loz tengo que zufid.
—Discutamos el tema punto por punto.
—Vale, pedo mehod hagamoz punto d’ezte empeño en entendednoz.
—Espera, que estoy estofando lentejas para mañana, están mejor al día siguiente y creo que ya están en su punto.
—Zabez que yo ziempe eztoy a punto de cadamelo pada zentadme a la meza.
—Que son para mañana. Y todavía hay que ponerlas a punto.
—Ni que fuedan el motod d’un coshe. Pedo, oye, ¿y podque haz batido laz cladaz a punto de nieve?
—Porque hoy comemos suflé. Por eso comemos a las dos en punto.
—T’ha dao el punto con el suflé.
—Es que me gusta mucho, sobre todo el de queso gruyere. Y además, me sale en su punto.
 —Mendugo, te voy a hased un cumplido pada poned el punto final, ziempe zedáz mi punto de defedensia.
—Y tú mi punto flaco.
—Ya vez, y yo queyendo qu’eda tu punto nego.
Punto menos el flaco que el negro.
—Pedo bueno, hemoz hablado del tema sin faltar punto ni coma, aunque tú edez un hombe de punto.
De todo punto yo no soy puntilloso.
—Pedo tú calsaz mushoz puntoz en ezto del idioma. Pedo demoz punto a ezte pozt que ya z’ha hesho mu ladgo.


sábado, 25 de febrero de 2012

Aflojar la mosca.

Me encanta el dicho y el artículo. Y lo que la gente se inventó y que hemos recibido de regalo. ¿No me digáis que el idioma no tiene duende?


Ignacio Frías dice:
  
«Ya en otras ocasiones he citado el delicioso trabajo de José Luis García Remiro titulado ¿Qué queremos decir cuando decimos...? (ISBN 84-206-3753-X). Dedica uno de sus capítulos a la expresión por la que preguntas. Dice así:

[Nota mía: Germania es la jerga o manera de hablar de ladrones y rufianes, usada por ellos solos y compuesta de voces del idioma español con significación distinta de la verdadera, y de otros muchos vocablos de orígenes muy diversos (DRAE).]

Aflojar la mosca

Aflojar la mosca es abrir la bolsa, sacar el dinero y pagar. Mosca, con el significado de 'dinero' aparece ya en Quevedo y en la novela picaresca. Esta acepción surge en el habla germanesca. Sabemos que la germanía, como grupo marginal, formó un vocabulario paralelo para entenderse sin que se enterasen los que no pertenecían a su tribu. Una de las finalidades de estas jergas era, y sigue siéndolo, la de afirmar la pertenencia al grupo y al mismo tiempo excluir a los que no pertenecen a él, dejándolos fuera, sin enterarse, de los mensajes que se cruzan. Este segundo vocabulario, por exigencias de su propia naturaleza, estaba en constante renovación, ya que, en cuanto una palabra saltaba a la calle y se hacía de uso común, dejaba de cumplir su función y debía ser sustituida por otra nueva, sólo conocida de los iniciados. En la formación de este segundo vocabulario, utilizaban diversos procedimientos (metonímicos, perifrásticos...) todos ellos muy imaginativos.

Aflojar la mosca supone que el dinero ha sido atrapado (robado) al vuelo, como se atrapa una mosca, y que se va si aflojas la mano, o sea, la bolsa donde éste se guarda. El paso de aflojar a pagar es fácil de entender como quien suelta algo que está sujeto y que se gasta volando. La palabra que significa la acción previa de aflojar termina significando la acción misma de pagar. Este designar una acción por el comienzo de ella, por los preparativos de la misma, es relativamente frecuente en el idioma: ordiniare, que significaba «preparar la vaca para el ordeño», terminó significando la acción misma de ordeñar. Lo contrario de aflojar la bolsa es echarle un nudo. López de Úbeda, La pícara Justina(1605), recomienda: "Amiguitas, otro ñudo a la bolsa, que piden mucho en León" (II, 2.a, cap. 1)».

martes, 10 de enero de 2012

El diccionario de la RAE

Ayer, al charlar con Erre C. A. dije algo sobre el diccionario de la RAE que llevaba buscando hace mucho tiempo. En aquel entonces andaba con mis dudas sobre la utilidad del mismo en la calle. ¿Quién crea, modifica y mantiene vivo el idioma, las palabras, su simbología? Estaba y estoy convencido de que es el hablante. Pero el DRAE también tiene su función; y no sólo la de ser consultado.

—¿Hoy no zalgo yo en el pozt?
—No, calla. Déjame escribir.
—¡Ho!

Lo que dije el otro día me ha hecho pensar y me reafirmo con contundencia: el DRAE es un libro que nos invita a entendernos. Y todo lo que se haga en ese sentido es positivo y bienvenido. En sentido figurado, aunque muchos pensarán que no es cierto, el DRAE es el antónimo de la política. A mí, sinceramente, esta última me enreda más que me aclara. Tampoco veo yo que limpie, fije y dé esplendor; sino más bien lo contrario.
  
—¿Qué zi hoy no digo yo nada, Mendugo?
—Que te calles de una vez, pesado.
—Vaaaaaaaaaaale.

Hacía mucho tiempo que unos palabras no expresaban tan exactamente mis ideas, mis sentimientos. Me regodeo en ellas: el DRAE es una invitación a entendernos. No es una obligación, no es una imposición. Sí, señor. Ahí le has dado, Mendrugo. Eso sí, una invitación puede rechazarse o aceptarse. Hasta analizando por separado las palabras de esa mi definición aguanta y expresa a la perfección mi idea.

—M’eztoy abudiendo.
—Pues haz un solitario.
—No me guztan loz zolitadioz.
—Haz una torre y déjame seguir.
—Miedda de intelectual de Paco Tillo.
—De pacotilla.
—Mi Paco no ez cotilla. Y tú a lo tuyo, codestod de loz cataplinez.
—Mira Erre C. A., así es imposible centrarse en nada. Quien con niños se acuesta…
—Había que codtadle lo que le cuelga.
—En eso estamos de acuerdo, al menos en sentido figurado. Pero yo me refería a que mojado se levanta.
—Eztáz quivocado. El mohao que ze levanta ez el que duedme a la intempedie en un inviedno lluviozo.
—A ver si nos entendemos. Pon un poquito de tu parte, porque esto parece el Congreso.
—Según tú, zi ponemoz el dissionadio ente loz doz noz entendedemoz mehó, ¿no?
—Algo así.
Poz ponlo.
—¿Tú crees que servirá para algo?
—Hombe, según tuz palabaz ez una invitasión a entendedze, aunque yo lo quieda pada deposad y dezcansad laz piednaz, como un ezcabel.
—Esto me pasa por dejar que metas baza. Ya no tengo tan claro lo que me había henchido de orgullo.
—No, zigue, zigue, que Ede Se A ya eztá aguztito.




jueves, 1 de diciembre de 2011

El duende del idioma

—Me podíaz dehá publicad una entada en tu blog —me propuso Erre C. A.
—Para ello deberías escribir algo interesante —le propuse yo a mi vez.
—Lo de ezquibí lo entiendo, pedo que zea intedezante… —dejó la última palabra flotando.
—¿No te ves capaz? —interpreté y pregunté.
—No, no lo digo pod ezo. Ez que lo que leo en Minizmiztedioz tampoco ez que zea la hoztia, colega.
—No hables tan grueso.
—Güezo tú, en loz doz zentidoz. Y no me ataquez cuando quiedaz defendedte, que te conosco, don Bozco.
—¿Te has fijado que esa expresión no rima del todo. Y menos en tu boca?
—¿Y tú qué te queez, que loz cuato que entan a leedte entienden miz palabaz o laz intedpetan?
—Yo creo que las leen —opiné por lógica.
—Poz no eztadía yo tan zegudo, Mendugo. Y zi no, tae un papel y un dotu.
—Cójalos usted, señor marqués. Pero escribe con lápiz, que la última vez tuve que quitar la tinta de rotulador hasta del elástico de mis calzoncillos.
—¡Ho! To lo tiene que hasé Ede Se A extendió el brazo y cogió lo que necesitaba—. Vedáz…
Erre C.A. se estuvo un buen rato frente al papel. Al final me tendió la hoja y me ordenó:
El escribiente
—Lee, liztillo. A ved zi lo entiendez o no.
Leí. Bueno, lo intente, porque no entendí nada. Y así se lo dije.
—Lo siento, pero no entiendo ni papa.
—¿Y tú zabe leé? —me insultó el rano más que preguntarme.
—Hombre, hasta hace un momento sí. A lo mejor si usas letras de molde me entero de algo.
—A ved, tae p’acá —me arrancó la hoja de las manos.— Y no puedo uzá letaz mayúzculaz, el ádabe no laz tiene. Pedo vamoz a hasé ota coza. ¿Me dehaz un momentito el oddenadó?
—Si es un momentito, por supuesto.
—Poz enta en un tatamiento de teztoz y déhame ahí.
—Pero si tú con esos dedos… No sé yo.
—Voy a usá el lapis a modo de puntedo. Y venga, que tengo pizita.
—Vale, vale… —le dije y pensé que si contara a alguien que un rano escribe en mi ordenador con lápiz, me tomaría por loco.

Estuvo tres horas delante de la pantalla. Bien es verdad que durante ese tiempo se desayunó dos veces y se tomó un aperitivo. Según él “ezquibí me da hambe”. He copiado y pegado lo que escribió. Tenía razón, al menos yo se la doy, y cuando la tiene, hay que dársela. A continuación su tesis, trata de leer el texto de corrido: 

Auqello que se ecsirbe mal no teine prouqé lerese mal. El úinco rqeuisito es que la pmrirea y la utlima ltera etsén ecsritas en su psiocion. Si se ecsribe a mnao es muhco más dfíicil, es mjeor a máuqina o en un tartmaiento de txetos.


sábado, 18 de octubre de 2008

¿Por qué camionero y no camionista?

No sé si os habéis fijado, pero una fórmula para inventarse palabras es acudir a los prefijos (antes del fijo) y a los sufijos (después del fijo). El fijo puede ser un sustantivo, un adjetivo, un verbo, etc. Así han nacido muchos vocablos, sobre todo los inventados más recientemente, como prenatal, anticorrosivo, linotipista, ...
... Cojamos el sufijo de esta última palabra: -ista, por otro lado tan usado (maquinista, taxista, feminista, altruista...) y preguntémonos el motivo por el que no se usa para construir el nombre que identifica a la persona que conduce un camión: camionero. ¿Hay algún motivo para haber elegido el sufijo -ero, -era? Aparentemente no, o por lo menos nadie conoce el porqué. ¿Es un capricho? ¿Es por fonética? Ese es el duende del idioma. Somos nosotros como hablantes los que, con el tiempo, elegimos.
¡VIVAN LOS HABLANTES!

sábado, 11 de octubre de 2008

Un artículo

La riqueza del idioma español, que no tiene otro mérito que el uso que le dan sus hablantes, es muy grande. Se enfade el duende o no, somos nosotros quienes lo hacemos, y no él. Y no caemos en ello, en lo importante, porque el hecho es cotidiano. Y pasamos sobre ello tanto, como tiempo pasamos usándolo. Yo, cuando estudiaba inglés, por ejemplo, siempre me preguntaba cómo podía saber alguien, en determinadas conversaciones, si se hablaba de un man o de una woman. Es decir, si alguien pregunta: ¿Quién está ahí dentro, en la sala?, otro alguien le puede contestar: “The judge Smith”. Si el que contestara fuera español, nos dejaría claro si es él o ella (“El juez López” o “La juez López” o “La jueza López”). El artículo parece una tontería, un artículo (valga la redundancia) de lujo. Pero no lo es. Porque, aparte de aclaratorio, su presencia o ausencia mudan el significado de una frase, e incluso usarlo o no usarlo hace que las dos frases tengan un significado opuesto. Y si no te lo crees, lee estas dos frases cuya única diferencia es el artículo “los”:
…………..Pocos asistentes al concierto lo pasaron bien (la mayoría de asistentes se aburrió).
…………..Los pocos asistentes al concierto lo pasaron bien (la mayoría de asistentes se divirtió).

(Ejemplos tomados de la pág. 314, La Gramática Descomplicada, Álex Grijalbo, Taurus, 2006)

viernes, 3 de octubre de 2008

Por una coma daría yo la vida

Hoy el duende del idioma está muy triste y apenado. Recuerda un hecho que aconteció hace mucho tiempo, en la Edad Media, época oscura y macabra en la que algunos estados parecen haberse quedado a morir más que a vivir, en cuanto a las leyes y en particular a la pena de muerte. Y ocurrió que, en un pueblo de La Mancha de nuestro don Quijote, prendieron a… Pero mejor será que el duende os lo relate. Escuchad:

«Ocurrió todo mientras yo moraba en Arabaca, lugar cabe Madrid, y súpelo por amigo de Alcalde que lo era mío y teníamos relación de oficio en la Corte. Allí, en lugar de Arabaca prendió la justicia uno que dezían andaban buscando por asuntos de sangre en Madrid. El Alcalde, a pesar de que los porquerones que le tenían en hierros afirmaban que aquel bellaco era el buscado y querían antuviar su ajusticiamiento. Y a la fin de confirmallo, el buen Alcalde mandó billete a su autoridad de Madrid, origen del edito, que le aclararan el negocio de justicia. Para mexor me explicar y no ser prolijo, el billete del Alcalde remataba así: "Queda en vuestras manos ajusticiarle o no", seguida por la data y la firma dél mismo como autoridad. Tardó quatro días en llegar contestación, mas, a fe mía que fue corta, pues, ultra de sellos y sin firma, parecían escritas sólo dos palabras: "No esperad". Y así entendiólo el Alcalde, que abaxó la cabeza obediente sin ser convencido, y con la contestación del juez en la mano, dio licencia para que se executara al reo. "Mándalo así el juez, hemos de cumplíllo. Jugáronse los de la quadrilla a la carta más alta quién había de ser verdugo, y dio muerte el perdedor al preso que la tomó con los grillos puestos y bozeando su inocencia, que nadie creyóle. "Como todos" dixeron los alguaciles, como todos se llaman yglesia. A cabo de tres jornadas de la ejecución, y ya olvidada por todos menos por Alcalde, allegóse a Arabaca un piquete en nombre del juez que traía un testigo para reconocer al ya enterrado. Entre ellos venía el Escribano, aquél que había escrito y sellado contestación, que encendió en cólera al ser enterado de que el por reconocer era ya irreconocible en diciendo: "Voto al cielo que os ordenaron esperar, Alcalde desobediente. Pagaréis por ello". No mui tranquilo, pero sabiendo qué traía entre manos, el Alcalde, sin conocer que iba a mostrar a el autor su propia obra, yerro por omisión en este caso, ofreció el papel recebido, y dixo al secretario: "No téngome por tal, que cumplí la orden del tribunal, como aquí consta. Leed vos mesmo". El soberbio Secretario contestó: "No he menester leello, que yo mesmo escrebí contestación que el juez dictóme, que no había de ajusticiarse reo alguno, sino esperad. Bien claro dexólo su Señoría: No, esperad". A estas palabras altivas, y sin abaxar cerviz, el Alcalde hízose con el billete y enseñándolo dixo su defensa: "De lo que vuesa merced dize, a lo que está ordenado mudóse la vida en muerte. Escrito vino, quedó y hízose. Como podéis ver otra cosa consta siendo lo mesmo que lo que afirmáis: No esperad. Orden tajante que no espera entre el no y el esperad". No, no acabó el hecho en esta discusión, que aclarada fue al ver el secretario que la omisión de la comma, y sin otro conocimiento que las dos palabras escritas, ordenaban la execución inmediata. No sólo se comió el secretario la mosca, pero también su orgullo. Así, sin más quehazer partióse la comitiva de justicia hazia la Corte. Pasada noche en Madrid y mui de mañana, el secretario del juez acudió a éste y siendo demandado por él sobre el reo de Arabaca, el fementido secretario hizo capaz al juez de la verdad inventada, que habíanle executado, pues el testigo no hubo duda que aquél era quien buscaban. Y aquí fenece esta historia, caballeros, que tan triste me trae desde entonces».

Ya no es por nosotros, por hacernos entender que deberíamos puntuar correctamente nuestros escritos, sino también porque a algunos les puede ir la vida en ello.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Las preposiciones

No lo sabíais, pero cuando me da por algo, me da fuerte. Y en este caso, desde hace mucho tiempo, me dio por la gramática. Sigo leyendo/estudiando LA GRAMÁTICA DESCOMPLICADA, de Álex Grijalbo y de la que ya os hablé. Y en ella, él, con cierto sentido de humor, cita al genio del idioma. Pues, ya ve usted, se lo he robado al imaginarlo como un duende que vive entre los pensamientos y la articulación sonora de éstos: la frases. Así, hoy comienzo una nueva sección en la que iré colgando vivencias de este duende. Hoy nos extrenamos con las preposiciones. En particular con la primera y más corta: "a". Nuestro genio se ha puesto las botas, y nunca mejor dicho, porque por tan solo 5 € se ha comprado todos los zapatos de una tienda. Y todo gracias a que el dueño del negocio que andaba de rebajas y con hambre se comió la citada preposición. La señora que mira el escaparate llegó tarde: "Lo sentimos, señá Manola".¿Qué, son o no son importantes las preposiciones para entendernos? Pues usémoslas y bien, no como algunos periodistas (?), comentaristas deportivos, que dicen que Messi se internó sobre el área grande, como si este monstruo del fútbol fuera capaz de fungir de topo e internarse en el área, grande o chica, por debajo: además, en es más corto.